Hoy, en Maná del Lunes, presentamos: ¿ALTA CAPACIDAD, BAJA ENTREGA?, una reflexión de Chris Simpson.
El mercado moderno se mueve gracias al talento. Pensadores estratégicos. Emprendedores visionarios. Ejecutivos de alto desempeño. Si logras resultados, se te da una plataforma. Tu currículum se convierte en tu marca, y tus resultados, en tu valor.
Yo lo viví en carne propia. Las habilidades que me hicieron eficaz en el Servicio Secreto —presencia de mando, liderazgo decisivo, capacidad para operar bajo presión— eran oro en el ámbito empresarial. Y por un tiempo, las utilicé para escalar posiciones, ganar aprobación y demostrar que merecía estar en la mesa de decisiones.
Pero esos dones no se volvieron sagrados para mí hasta que rendí mi vida y mi trabajo a Jesucristo. Hasta que dejé de preguntarme cómo podían servirme y empecé a preguntarme cómo podían servirle a Él. Solo entonces —cuando usé esos mismos instintos de liderazgo para amar, discipular y edificar a otros en el nombre de Jesús— esos momentos produjeron fruto eterno, lo que Jesús llamó «fruto que perdura».
(Ver Juan 15:16). Fue entonces cuando mi trabajo dejó de ser transaccional y se volvió transformador.
La mentalidad que describo no es nueva. En el Nuevo Testamento vemos a Jesús confrontar a los líderes religiosos que lo habían entendido todo al revés. Exaltaban el don —qué tan pulido se veía, qué tan impresionante parecía— mientras descuidaban el altar, la fuente de donde provenían los dones que se les habían confiado para guiar a otros. Jesús les dio —y nos dio— un reinicio radical al decir:
«¡Qué ciegos son! Pues, ¿qué es más importante, la ofrenda sobre el altar o el altar que hace que la ofrenda sea sagrada?» Mateo 23:19 (NTV). Él estaba declarando: «No es el don lo que hace algo sagrado. Es el altar».
Como vemos en la Biblia, el altar es el lugar donde algo muere, donde se ofrece un sacrificio como acto de adoración. En términos del mundo laboral, es el lugar donde se deja a un lado la ambición. Es el lugar de la entrega, donde tu ofrenda se vuelve santa porque te cuesta algo.
Jesús hablaba a los líderes religiosos de hace dos mil años, pero esto no es solo un asunto del antiguo templo. Es algo muy práctico para el lunes por la mañana. Me gusta recordar a mis amigos del ámbito empresarial que nuestros talentos no se vuelven sagrados solo por usarlos con éxito. Se vuelven sagrados cuando se rinden, cuando se ofrecen a Dios como sacrificio —ya no para nuestro propio beneficio, sino para su gloria y sus propósitos.
Un líder talentoso puede alcanzar grandes resultados y, aun así, perderse el Reino de Dios. Un emprendedor visionario puede crecer rápidamente y nunca glorificar a Dios. Incluso la generosidad puede volverse una actuación si busca la aprobación de otros y no nace de una obediencia reverente. Pero cuando nuestras negociaciones, estrategias, liderazgo y trabajo se colocan en el altar de los propósitos de Dios, todo cambia. Deja de ser desempeño. Se convierte en adoración.
Esa es la diferencia entre el aplauso temporal y el impacto eterno. Puedes ser la persona más competente en la sala de juntas y, aun así, obstaculizar la misión de Dios si tus dones no están rendidos ante Jesús. Alta capacidad no equivale a alta entrega. Y en su Reino, es la entrega la que mueve la aguja. Recibir un don es gracia. Perfeccionarlo es mayordomía. Pero colocarlo en el altar… eso es adoración. Y es ahí donde tu liderazgo se convierte en tierra santa.
Preguntas para reflexión o discusión
- ¿Qué dones o habilidades te ha dado Dios que te sientes tentado a usar para tu propio reconocimiento o avance personal, en lugar de usarlos para los propósitos del Reino?
- ¿Cómo se vería el hecho de colocar esos dones sobre el altar hoy, completamente rendidos a la gloria de Dios y no a la tuya?
- ¿En qué áreas de tu liderazgo te has enfocado más en impresionar a los demás que en servirles en el nombre de Jesús?
- ¿De qué maneras estás usando tu influencia para animar y fortalecer a otros en su relación con Jesucristo, en lugar de construir tu propia plataforma?
Desafío para esta semana
Aquí la pregunta de hoy: ¿Estás aprovechando tus dones para tu propio nombre, honor y reconocimiento, o para los de Dios? ¿Estás administrando tu papel en el trabajo para obtener ganancias terrenales o recompensas eternas? Porque solo lo que se coloca sobre el altar permanecerá.
¿Qué paso práctico puedes dar para comenzar a convertir tu lugar de trabajo en un altar, y no solo en una oficina? Considera hablar de esto esta semana con alguien —un amigo o consejero de confianza, o tal vez con tu grupo de CBMC.