Hoy, en Maná del Lunes, presentamos: Demostrando amor a los demás en los negocios, una reflexión escrita por Rick Boxx.
Cuando los vendedores demuestran que les importa más lo que es mejor para mí, en lugar de concentrarse en lo que es mejor para ellos mismos, puede ser muy reconfortante. El año pasado, estaba hablando con el director ejecutivo de una empresa de tecnología acerca de las necesidades de software de nuestra compañía. Este ejecutivo es propietario de una respetada empresa de software que presta servicios a varias organizaciones sin fines de lucro.
Después de escucharme explicar nuestras necesidades, el director ejecutivo respondió de una manera que me sorprendió. Dijo: «Probablemente podríamos hacer que nuestro software funcionara para ustedes, pero, sinceramente, Rick, no sería la mejor opción para ustedes».
¿Cómo te sentirías si alguien te respondiera de esa manera, admitiendo de buena gana que estarías mejor comprando un producto similar de otra empresa?
No sé tú, pero yo me sentí valorado —y amado— por su respuesta sincera. Fue un ejemplo muy real de lo que Jesús enseñó cuando nos exhortó a «Traten a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes» (Lucas 6:31, NVI).
Ese vendedor se puso efectivamente en mi lugar y reconoció que nuestra organización debía encontrar a alguien con mayor experiencia en el área en la que necesitábamos ayuda.
Muchas veces, en el mundo de los negocios, el énfasis está en cerrar la venta, sin importar lo que haya que hacer para lograrlo. Por eso, algunas personas engañan a sus clientes y hacen promesas que saben que no podrán cumplir. Lo único que les importa es la venta, la comisión, la ganancia.
Sin embargo, como seguidores de Cristo, se nos ordena demostrar Su amor a los demás en cada interacción y encuentro que tengamos, ya sea al presentar una propuesta de ventas, tener una conversación informal o intentar ayudar a alguien a resolver un problema que enfrenta.
La Biblia enseña que el amor —incondicional y, en ocasiones, sacrificial— es una de las señales distintivas de servir al Señor y a los demás: «Queridos hermanos, amémonos unos a otros, porque el amor viene de Dios y todo el que ama ha nacido de él y lo conoce» (1 Juan 4:7, NVI).
Decir la verdad, aun cuando nos perjudique personalmente o tenga un impacto negativo en lo que intentamos lograr, es una manera en que podemos reflejar el amor de Cristo a los demás en el mundo de los negocios.
En el libro del Nuevo Testamento de Filipenses, encontramos una comparación interesante que muestra cómo podemos destacar en el mundo competitivo, a menudo despiadado, de los negocios. Se nos instruye a comportarnos «para que sean intachables y puros, hijos de Dios sin culpa en medio de una generación torcida y depravada. En ella ustedes brillan como estrellas en el mundo» (Filipenses 2:15, NVI).
Observa que no dice que nosotros somos las estrellas. Dice que debemos «brillar como estrellas». En otras palabras, debemos ser más como la luna, que refleja la luz del sol. Nosotros reflejamos el amor de Cristo.
Además de ser eficaces como «embajadores de Cristo» (2 Corintios 5:20), existe un segundo beneficio de ser honestos en una situación de ventas. Ayuda a generar confianza y comunica a los clientes y posibles clientes que pueden depender de nosotros.
El libro de Proverbios lo expresa claramente: «Quien se conduce con integridad, anda seguro; quien anda en caminos perversos será descubierto» (Proverbios 10:9, NVI). «La honestidad guía a la gente buena; la deshonestidad destruye a los traicioneros» (Proverbios 11:3, NTV).
El ejecutivo de ventas al que me referí anteriormente eligió admitir honestamente que su producto de software no cubriría nuestras necesidades, pero sabía que, cuando tuviéramos otras necesidades de software, nos sentiríamos confiados en considerar su empresa y recomendarlo como alguien digno de confianza.
Cuando recibimos amor, queremos demostrar amor.