Hoy, en Maná del Lunes, presentamos: LA SABIDURÍA DE ESCOGER TUS BATALLAS, una reflexión escrita por Erenia Mendoza.
En el mundo profesional, el conflicto es parte del camino. A veces se trata de críticas injustas; en otras, de un malentendido o una palabra dura. La tentación de responder y defenderse puede ser fuerte; al final, ¿a quién no le gusta tener la última palabra? Pero ¿realmente vale la pena? ¿Toda discusión merece nuestra atención? La mayoría de las veces, la verdadera señal de fortaleza no está en ganar una batalla verbal, sino en tener el discernimiento para saber cuándo el silencio es la respuesta más sabia.
Jesús nos dio un ejemplo poderoso. De pie ante Pilato, acusado injustamente, no se defendió. Permaneció en silencio, no por debilidad, sino porque sabía que Su misión era mayor que ese momento de confrontación. «Pero Jesús aún no respondió nada, de modo que Pilato estaba asombrado» Marcos 15:5.
Jesús entendía que la verdad no necesita ser gritada para ser reconocida. Se sostiene por sí misma.
Siglos después, el empresario Henry Ford enfrentó una situación similar, aunque en un contexto muy distinto. Después de ser llamado ignorante por un periódico, llevó el asunto a los tribunales. Durante el juicio, los abogados intentaron humillarlo con preguntas complicadas sobre historia y geografía. Ford respondió con calma: «Si quiero la respuesta a cualquiera de esas preguntas, puedo presionar un botón y llamar a alguien que la sepa. Entonces, ¿por qué habría de saturar mi mente con información que no es esencial para mi propósito?».
Su respuesta desarmó por completo el ataque. Ford no perdió el enfoque ni permitió que lo desestabilizaran. Sabía quién era, qué estaba haciendo y hacia dónde quería ir; una lección valiosa para todos nosotros.
Como empresarios y profesionales cristianos, estamos llamados a buscar ese mismo tipo de sabiduría. La Biblia nos recuerda: «Aun el necio, cuando calla, es contado por sabio; el que cierra sus labios es entendido» Proverbios 17:28.
No toda batalla vale la pena ser peleada. Y aun cuando lo sea, a veces la mejor opción es esperar el momento adecuado. Aprendí de mi padre que una retirada estratégica también es sabiduría.
Antes de entrar en una discusión, haz una pausa y pregúntate: «¿Cuál es el propósito de esto?» o «¿A dónde quiero que lleve esta conversación?». Si tu respuesta es «demostrar que tengo la razón» o «satisfacer mi ego», quizá sea momento de dar un paso atrás. Algunas batallas solo nos drenan. No nos ayudan a crecer ni a construir puentes; nos desgastan. Cuando nos mantenemos enfocados en aquello a lo que Dios nos ha llamado, evitamos distracciones innecesarias y demostramos madurez. Aquí algunas sugerencias para aplicar esta sabiduría en nuestra vida:
1. Discierne antes de reaccionar. No toda provocación merece una respuesta. Antes de hablar, pregúntate: «¿Esto vale mi paz?». Recuerda: «La blanda respuesta quita la ira, pero la palabra áspera hace subir el furor» Proverbios 15:1.
2. Mantente enfocado en tu propósito. No gastes energía tratando de convencer a quienes no quieren escuchar. «Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres» Colosenses 3:23.
3. El silencio puede decir mucho. A veces avanzar sin responder es lo más fuerte que podemos hacer. «No respondas al necio conforme a su necedad, para que no seas tú también como él» Proverbios 26:4.
4. Ora antes de actuar. Si necesitas responder, permite que tus palabras sean guiadas por Dios. «Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada» Santiago 1:5.
Preguntas para reflexión y discusión
- Cuando enfrentas conflicto o crítica, ¿cuál suele ser tu reacción? ¿Buscas defenderte de inmediato? ¿Estás decidido a no permitir que la otra persona tenga la última palabra? Explica tu respuesta.
- ¿Qué tan difícil te resulta guardar silencio cuando eres objeto de críticas o acusaciones injustas? ¿Puedes pensar en ejemplos de personas que hayas observado y que han logrado hacerlo?
- La autora de este Monday Manna afirma que no toda batalla vale la pena ser peleada. ¿Estás de acuerdo? ¿Cómo podemos determinar qué batallas deben pelearse y cuáles conviene evitar?
- ¿De qué maneras la fe en Jesucristo puede ayudarnos a encontrar la sabiduría necesaria para discernir qué batallas verbales no valen el tiempo ni la energía que nos exigirían?
Desafío para esta semana
Esta semana, deja que tu inteligencia brille más a través de tus acciones que de tus argumentos. Escoge tus batallas con sabiduría. Y al final del camino, que puedas hacer tuyas las palabras del apóstol Pablo: «He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe».
2 Timoteo 4:7.
Ese fue el legado de alguien que peleó las batallas correctas y ganó, incluso cuando eligió guardar silencio. Comenta esto con alguien de tu confianza e invítalo a darte retroalimentación sobre qué tan bien estás avanzando en esta área.