Los palos y las piedras pueden herir, pero las palabras también

¿Qué duele más: un golpe o una palabra? El maltrato verbal y el ciberacoso pueden dejar heridas profundas que permanecen mucho después de que las palabras fueron dichas o escritas. Por eso, cada mensaje, comentario o conversación es una oportunidad para herir… o para dar vida.

Hoy, en Maná del Lunes, presentamos: Los palos y las piedras pueden herir, pero las palabras también, una reflexión escrita por Robert J. Tamasy.

Cuando era niño, la gente solía repetir el dicho: «Los palos y las piedras pueden romper mis huesos, pero las palabras nunca me harán daño». Eso parecía correcto, ya que los palos y las piedras ciertamente pueden causar daño físico. Sin embargo, la vida me ha enseñado que las palabras pueden ser igual de hirientes; simplemente nos afectan emocional y mentalmente.

No hay mejor evidencia de esto que el desarrollo y la expansión de lo que se ha llamado «ciberacoso». Personas, especialmente jóvenes, son atacadas a través de las redes sociales, mensajes de texto y correos electrónicos con agresiones verbales crueles. Tristemente, demasiados de estos niños y adolescentes vulnerables han sufrido una gran angustia como consecuencia, llegando en algunos casos al suicidio.

Nos gustaría pensar que esto no ocurre en el mundo de los adultos, especialmente en el ámbito laboral, pero todos sabemos que no es así. En algunos entornos, el abuso verbal entre superiores y subordinados, así como entre compañeros de trabajo, es una realidad cotidiana. Arrebatos de ira, colegas humillados en público, correos electrónicos vengativos y otras formas de comunicación utilizadas para desprestigiar a otros son demasiado comunes.

En la mayoría de los casos, estas conductas son contraproducentes en el mejor de los escenarios y, en el peor, armas capaces de causar un daño grave. Quizá por eso las Escrituras están llenas de advertencias contra el mal uso de las palabras, ya sean habladas o escritas. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento nos recuerdan el enorme poder y el gran peligro potencial del uso y abuso de las palabras.

A continuación, algunos ejemplos que se aplican tanto a lo que decimos como a lo que escribimos:

1. Poder en un pequeño instrumento.
No debemos subestimar el enorme impacto de nuestras palabras. Debemos escogerlas con sabiduría. «Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad» Santiago 3:5-6 (RVR1960).

2. Una fuerza para el bien o para el mal.
Así como un martillo puede introducir un clavo en la madera o golpear dolorosamente un dedo, la lengua puede servir y beneficiar a otros o puede transmitir críticas destructivas y lenguaje ofensivo. «Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así» Santiago 3:9-10 (RVR1960).

3. Está bajo nuestro control.
Así como un tirador no dispara un rifle sin apuntar cuidadosamente, también nosotros debemos recordar que, si no consideramos el impacto de nuestras palabras habladas o escritas, estas pueden convertirse en armas en lugar de medios para comunicar información, ideas y sentimientos. Tenemos la capacidad de decidir cuándo hablar, cuándo callar y cómo expresarnos. «En las muchas palabras no falta pecado; mas el que refrena sus labios es prudente» Proverbios 10:19 (RVR1960).

4. Herramientas para animar y edificar.
Con tanta negatividad en nuestro mundo, hacer un esfuerzo consciente por controlar nuestras palabras y utilizarlas solo cuando beneficien positivamente a los demás puede distinguirnos favorablemente en nuestro lugar de trabajo. «Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes» Efesios 4:29 (RVR1960).

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