Usando el “efecto Chris Paul” como guía

¿Quieres destacarte sin ser la estrella principal? Aquí está el secreto. Algunos cambian el juego sin acaparar reflectores: elevan a otros. El verdadero impacto no siempre anota puntos; a veces los facilita. La pregunta es: ¿estás jugando para brillar… o para hacer brillar a tu equipo?

Hoy, en Maná del Lunes, presentamos: USANDO EL “EFECTO CHRIS PAUL” COMO GUÍA, una reflexión escrita por Rick Boxx.

Los seguidores del Maná del Lunes provienen de muchos contextos diferentes. Algunas personas son altos ejecutivos, incluso directores generales. La mayoría encaja en otras categorías: gerentes, jefes de departamento, vendedores, empleados de comercio, asistentes administrativos, emprendedores y profesionales como médicos, abogados, contadores públicos, ingenieros. La lista podría continuar. Todos tenemos distintos niveles de autoridad y responsabilidad. Sin embargo, aunque no seas un CEO o dueño de empresa, en cualquier nivel puedes ejercer una influencia increíble en tu equipo.

Un artículo reciente en la reconocida publicación Harvard Business Review, titulado «Cada equipo necesita a Super-Facilitator», destacó al veterano jugador profesional de baloncesto Chris Paul como un «superfacilitador». En cuatro ocasiones se unió a un nuevo equipo y, en menos de dos años, cada uno de ellos logró su mejor récord histórico.

Chris Paul se ha hecho conocido por animar y sacar lo mejor de sus compañeros. Según los autores del artículo de Harvard Business Review, los integrantes de un equipo pueden aportar un valor enorme aprendiendo a alentar y maximizar la diversidad de habilidades de sus colegas, además de cultivar la confianza.

Este principio no se limita al ámbito deportivo. Se aplica prácticamente a todas las áreas de la vida, incluido el mundo empresarial y profesional. Todos trabajamos en equipos. Incluso los emprendedores dependen de habilidades y capacidades que otros poseen y que ellos no tienen. Así que, mientras buscamos beneficiarnos de los demás para alcanzar nuestras metas y objetivos, también podemos esforzarnos por ser como Chris Paul: ayudar a que los demás den lo mejor de sí.

Al leer la Biblia, encontramos mucho sobre el poder y los efectos de animar y edificar a otros. Aquí algunos ejemplos:

1. Brindar motivación. Los verdaderos líderes son personas que demuestran ser dignas de seguir. Eso significa que tienen visión y saben comunicarla, trabajan con entusiasmo, muestran cómo deben hacerse las cosas y entienden y valoran las capacidades de cada miembro de su equipo. «Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras» (Hebreos 10:24, RVR1960).

2. Dar el ejemplo. Trabajar con excelencia, integridad, determinación y humildad son cualidades que

inspiran a otros. Cuando establecemos altos estándares de conducta y comportamiento, el impacto influye positivamente en quienes nos rodean. «Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo» (1 Corintios 11:1, RVR1960).

3. Afilar las habilidades mutuamente. ¿Has oído hablar de la fricción creativa? Esto ocurre durante el desarrollo de ideas, la planificación y la implementación de proyectos. A veces produce un conflicto constructivo, donde se presentan y discuten opiniones y perspectivas diferentes. Así como el hierro se afila con hierro, nosotros también podemos hacernos más agudos y eficaces al interactuar unos con otros.
«El hierro se pule con el hierro, y el hombre se pule en el trato con su prójimo» (Proverbios 27:17, RVC).

4. Recibir apoyo mutuo. Inspirar a otros y motivarlos a dar lo mejor no es un esfuerzo unilateral. Con frecuencia existe un beneficio recíproco, ya que también recibimos ánimo y apoyo mientras procuramos brindarlo. «Así que aliéntense y edifíquense unos a otros, tal como ya lo hacen» (1 Tesalonicenses 5:11, NTV). Independientemente de tu posición, busca maneras de animar a cada integrante de tu equipo y de valorar su aporte colectivo.

Preguntas para reflexión y discusión

  1. ¿Puedes pensar en alguien que conoces o con quien hayas trabajado que haya mostrado características similares a las descritas en el jugador de baloncesto Chris Paul? ¿Qué recuerdas más de esa persona y del efecto que tuvo en los demás?
  2. ¿Cómo crees que alguien se convierte en un “superfacilitador”, capaz de sacar lo mejor de otros?
  3. Piensa en el equipo en el que trabajas actualmente. ¿Hay alguien —incluso tú mismo— que sea un ejemplo de este “efecto Chris Paul”? ¿Qué pasos podrías tomar para parecerte más a ese tipo de persona?
  4. Si eres seguidor de Jesucristo y buscas servirle y representarle en el trabajo, entiendes que Él fue el ejemplo supremo de motivar a otros y desafiarlos a hacer y ser lo mejor posible. ¿Cómo puede tu relación con Cristo ayudarte a convertirte en un miembro más fuerte e influyente dentro de tu equipo?

Desafío para esta semana

Los desafíos, exigencias y presiones del mercado del siglo XXI son suficientes para desgastar incluso a los más fuertes. Toma un tiempo para hacer una evaluación personal: ¿Cuál es tu actitud habitual día tras día? ¿Eres alguien a quien otros buscan para recibir ánimo e inspiración? ¿O eres más propenso a quitarles energía?

Sería útil compartir tus conclusiones con alguien más: un amigo cercano o compañero de trabajo, un equipo de rendición de cuentas, un mentor o un grupo de asesores. Conversen —y oren— acerca de cómo pueden motivarse mutuamente para convertirse en «superfacilitadores».

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